¡Levanta la cabeza,
Rodín meditabundo,
y mira en lo profundo
del alma la belleza,
y toda tu tristeza
vendrá a quedar en nada,
tu duda disipada,
descorridos los velos
y abrazando los Cielos
se alzará tu mirada!
Jesús María Bustelo Acevedo
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Soy una niña
Soy una niña, negra, profunda,
que abraza al mundo con libertad
y se recrea con la bondad,
eterna, franca, simple, fecunda,
de la vereda más vagabunda...
Soy una niña, siempre contemplo
las dualidades que, por ejemplo,
mi fe dilatan... Soy la pupila
que observa inquieta, que ve tranquila
y ofrenda la visión del templo.
Jesús María Bustelo Acevedo
que abraza al mundo con libertad
y se recrea con la bondad,
eterna, franca, simple, fecunda,
de la vereda más vagabunda...
Soy una niña, siempre contemplo
las dualidades que, por ejemplo,
mi fe dilatan... Soy la pupila
que observa inquieta, que ve tranquila
y ofrenda la visión del templo.
Jesús María Bustelo Acevedo
Visión
Cerré los ojos y vi
lo que los ojos no ven,
mas al verlo dije: ¡bien,
es más sabio ver así!
Siempre, que empieza por sí
sin tener finalidad,
pensé que (o sentí, en verdad)
la genuina visión
fluye desde el corazón
y se llama Libertad.
Jesús María Bustelo Acevedo
lo que los ojos no ven,
mas al verlo dije: ¡bien,
es más sabio ver así!
Siempre, que empieza por sí
sin tener finalidad,
pensé que (o sentí, en verdad)
la genuina visión
fluye desde el corazón
y se llama Libertad.
Jesús María Bustelo Acevedo
No te toques más el pelo
No te toques más el pelo,
que me pongo muy nervioso,
y aquello que está en reposo
se me levanta hasta el cielo,
y es entonces cuando vuelo
a tu celeste mirada,
me empapo en la mar salada
que tus labios rojos den
y se convierte en Edén
aquello que no era nada.
Jesús María Bustelo Acevedo
que me pongo muy nervioso,
y aquello que está en reposo
se me levanta hasta el cielo,
y es entonces cuando vuelo
a tu celeste mirada,
me empapo en la mar salada
que tus labios rojos den
y se convierte en Edén
aquello que no era nada.
Jesús María Bustelo Acevedo
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