La Sonrisa de Dios

La Sonrisa de Dios
da comienzo al concurso,
luego llega el discurso
de hombre y mujer, los dos
que de Aquél van en pos,
como de Su Sonrisa,
se fabrican la misa,
la masa y el Mesías,
y en Él las alegrías
de Dios y su Sonrisa.

Jesús María Bustelo Acevedo

¡Siguen los recortes en España!

El eterno Juan y Tedio
sigue haciendo de las suyas,
y capullos y capullas
no le dan ningún remedio.
¿No es mejor quitar del medio
a este bufón del recorte
que perdiendo el sur y el norte
y emulando a un tal Rajoy
recorta las faldas hoy
sin que la mujer le importe?

Jesús María Bustelo Acevedo

¡Mercero mató a Chanquete!

Mercero mató a Chanquete
y Juan Ramón a Platero,
¡y de esto yo ahora me entero,
pues siempre he sido un zoquete!
Por la gloria de Petete,
Espinete y Don Pimpón
que tanta televisión
me saca al final de quicio,
mas sigo con este vicio
¡porque lo exige el guión!


Jesús María Bustelo Acevedo

Perder el juicio

Yo voy haciendo juicios
y debo dejar de hacerlos,
o si no tendré que verlos
en mis propios perjuicios...
La culpa, los sacrificios,
los esfuerzos y el dolor
son todos el mismo error
del sueño que nos separa
y que al despertar se para
y vemos que es todo Amor.

Jesús María Bustelo Acevedo

Mucha religión, poco corazón

¿Te gusta Jerusalén?
Entonces te gusta el crimen,
el crimen por el que gimen
estos y aquellos también;
tras un velo o un amén,
o la hipócrita oración
de violenta religión;
tras un gorrito ridículo
o algún perverso versículo
hay tan sólo maldición...

¡Pues siempre falta la Luz
del que murió en una cruz!

Jesús María Bustelo Acevedo

¿Qué le importa a la Luna allá en los cielos?

Selene... ¡sueño imposible!
¿Quién puede abrazar la Luna
si nunca supo a ninguna
en la Tierra disponible?
Si tanto errar, tan horrible,
tanto temor nos detiene,
demente es que quien se entretiene
soñando que está despierto
y preso en un mundo muerto
quiere apresar a Selene.

Jesús María Bustelo Acevedo

El hijo pródigo se ha ido de caza

El que ignora el corazón,
necesita la coraza,
y con ella va de caza
en un mundo de ilusión,
donde el auténtico don
aparenta una amenaza,
le hace ensanchar la coraza
y encoger el corazón,
que en un mundo de ilusión
sólo la ilusión se abraza.

Jesús María Bustelo Acevedo