La Reina Sofía

La Reina Sabiduría
es sencilla, noble y pura,
lo mismo que la cordura
del corazón que nos guía.
No es la estatua vana y fría
que se sienta sin sentir,
y a la muerte quiere ir,
ya que la vida es acción,
la misma que el corazón
manifiesta en su latir.

Jesús María Bustelo Acevedo

Visión

Cerré los ojos y vi
lo que los ojos no ven,
mas al verlo dije: ¡bien,
es más sabio ver así!
Siempre, que empieza por sí
y acaba en su siempredad,
pensé que (o sentí, en verdad)
la genuina visión
fluye desde el corazón
y se llama Libertad.

Jesús María Bustelo Acevedo

¡Barrabás!

Muchos cuentan, además,
que hasta al mismísimo Poncio
por poco le da un soponcio
cuando escuchó: ¡Barrabás!
-Si es un ladrón, nada más,
y éste es tan sólo un maestro
en lo ajeno y en lo nuestro
que de Dios dice ser Hijo...
¡Yo os pongo el crucifijo,
pero el crimen siempre es vuestro!

Jesús María Bustelo Acevedo

Deseo la Paz de Dios

Deseo la Paz de Dios,
el Reino de Dios interno,
que está en nosotros eterno,
estando donde están los
ángeles que tanto nos
ayudan en lo mundano,
que no perciben lo vano
sino toda la verdad
del alma y la libertad
que comparte el Soberano.

Jesús María Bustelo Acevedo

El Hijo de Dios

Agua a tornar en vino vino
de poderoso humano mano,
y fue en verdad divino vino
que vuelve al hombre insano sano.

Que lo disfrute, ya no llano
y familiar vecino, sino
todo el que en su destino tino
tenga de hallar lo urbano vano.

¡Y este laúd afino fino
si el alma del pagano gano!

Jesús María Bustelo Acevedo

¡Barrabás!

Entonces fue Barrabás
vuestra sincera elección,
y es justo la del ladrón
la que haría Satanás,
que pensáis que está de más
el que de un simple desierto
vuelve vuestro credo muerto
en un renovado Edén...
¡Mas de ese modo también
piensan ahora, por cierto!

Jesús María Bustelo Acevedo

Amor es Libertad

El amor es libertad,
y grilletes la mentira;
las verdades de la ira
son mentiras en verdad.
Todo grita: ¡despertad!,
que son sueños las cadenas,
y los llantos y las penas,
la amargura y el dolor,
ignorancia del amor
del que van las almas llenas.

Jesús María Bustelo Acevedo